Elige como empezamos - a tu propio ritmo -

Yo, la mujer que nunca
molestaba hasta que me fui a la mierda.
Durante mucho tiempo viví atrapada
para encajar en las expectativas ajenas.
Silencié mis opiniones, asintiendo en silencio;
frené mis impulsos por vergüenza, por no estar a la altura.
Me encogí tanto, que solo aceptaba la perfección por excelencia.
Consultaba con mi culpa cada prenda que vestía,
cada palabra y cada gesto que hacía,
apagando por completo mi libertad.
Solo podía ver mi vergüenza.
Y comprendí que el "qué dirán" y mi propia vergüenza eran iguales
Ambos insaciables, igual de exigentes y crueles.
Entonces decidí buscar a mi sinvergüenza interior.
Y le costó salir un poco... le daba vergüenza.
Eso me devolvió el coraje para escuchar a mi intuición
y a mi propia voz interior,
y para no volver, jamás, a negociar
ni mi voz
ni mi presencia.
Cuando decides abrazar tu identidad real, la vergüenza se extingue porque ahora estás muy ocupada viviendo cada momento de tu vida.
La vergüenza se pasa cuando te atreves a dejar de recorrer
este camino sola.
Texto de carácter reflexivo adaptado e inspirado en el poema «Enseñar las vergüenzas» de Ana Castañeda (2013).

